Ser celiaco y vivir sin gluten

La historia de la celiaquía se remonta a hace 8.000 años. Sin embargo, no se identificó ni se le dio nombre hasta mucho más tarde. Hoy en día, gracias a los avances de la investigación médica y la tecnología, conocemos mejor esta enfermedad autoinmune y sabemos cómo tratarla. Con un diagnóstico y un tratamiento adecuados, los celíacos pueden llevar una vida sana y satisfactoria.
¿Sabes qué es la celiaquía? ¿Y la intolerancia al gluten? ¿Qué alimentos debes de evitar si no puedes ingerir gluten?
Con motivo del Día Internacional de la Celiaquía, que se celebra cada año el 16 de mayo, hemos redactado este post para que conozcas los detalles sobre esta enfermedad y sobre todo, las recomendaciones para poder vivir con celiaquía sin privarse de ningún capricho gastronómico.

¿Qué es la enfermedad celíaca o celiaquía?

La palabra celiaco o celíaco (ambas formas están permitidas), proviene de la palabra latina “coeliacus”, que significa “vientre”. Y esta a su vez procede del término griego “koiliakos”, enfermedad con la que se denominaban a “aquellos que sufren del intestino”.
La enfermedad celíaca o celiaquía es una patología crónica, autoinmune y hereditaria, que afecta al sistema digestivo. Se caracteriza por ser una intolerancia permanente al gluten, una proteína que se encuentra en el trigo, la cebada, el centeno y, en menor cantidad, en la avena. Cuando una persona celíaca ingiere alimentos que contienen gluten, su sistema inmunitario reacciona de manera anormal, dañando la mucosa intestinal y produciendo una serie de síntomas que pueden variar en intensidad y duración.
Más adelante veremos en detalle cómo afecta el gluten al organismo.
La celiaquía afecta a entre el 1% y el 2% de la población mundial, lo que la convierte en la enfermedad gastrointestinal crónica más frecuente en Europa y América del Norte. La detección precoz y el tratamiento adecuado son fundamentales para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes con la enfermedad celíaca.

Síntomas de la celiaquía

Los síntomas de la celiaquía pueden ser muy variados y, en muchos casos, inespecíficos, lo que dificulta el diagnóstico.

Algunos de los signos más comunes de la enfermedad celiaca son:
Diarrea crónica.
Estreñimiento.
– Dolor abdominal y distensión abdominal (gases excesivos, ruidos o gorgoteos abdominales, estómago hinchado o duro…).
– Pérdida de peso inexplicable.
Anemia ferropénica (bajo nivel de hierro en la sangre).
– Irritabilidad, cambios de humor y depresión.
– Dificultad para conciliar el sueño e insomnio
– Problemas dermatológicos, como la dermatitis herpetiforme (una forma de erupción cutánea).
– Retraso del crecimiento en niños.

En algunos casos, la celiaquía puede ser asintomática o presentar síntomas muy leves, lo que dificulta su diagnóstico. Sin embargo, incluso en estos casos, la enfermedad puede causar daño en la mucosa intestinal y aumentar el riesgo de desarrollar otras patologías a largo plazo, como osteoporosis, infertilidad, neuropatías periféricas y algunos tipos de cáncer.

Diagnóstico de la celiaquía

El diagnóstico de la celiaquía se basa en una combinación de factores clínicos, serológicos e histológicos. En primer lugar, el médico debe sospechar la enfermedad en función de los síntomas del paciente y su historia clínica. A continuación, se realizan pruebas serológicas para detectar la presencia de anticuerpos contra el gluten en la sangre. Si los resultados son positivos, se completa el estudio con una biopsia intestinal para confirmar la presencia de lesiones en la mucosa.
Es importante destacar que, para que las pruebas sean fiables, la persona debe estar consumiendo gluten de manera habitual en el momento de realizarlas. Por este motivo, no se recomienda iniciar una dieta sin gluten antes de tener el diagnóstico confirmado.

¿Qué es el gluten?

Cuando se habla de gluten, nos referimos a una proteína que se encuentra en cereales como el trigo, la cebada y el centeno. Actúa como aglutinante (sustancia que permite que una mezcla suelta permanezca junta) y se añade a muchos alimentos para darles textura y sabor. El gluten puede provocar efectos secundarios graves en personas celíacas o sensibles al gluten. Estos efectos secundarios pueden ir desde leves, como fatiga, hinchazón, estreñimiento y diarrea alternados, hasta graves, como pérdida de peso involuntaria, desnutrición y daño intestinal. Los alérgicos al gluten pueden experimentar síntomas como hinchazón (acumulación de líquido en los tejidos), urticaria (ronchas rojizas producen picor en la piel) y anafilaxia (reacción alérgica grave).
El gluten no digerido llega al intestino delgado porque las proteasas, las enzimas que ayudan a nuestro organismo a procesar las proteínas, no pueden descomponer completamente el gluten. La mayoría de las personas pueden tolerar el gluten no digerido, pero algunas experimentan respuestas autoinmunes como la celiaquía o molestias por carbohidratos mal digeridos llamados FODMAPs*. El gluten en sí no es intrínsecamente malo, pero los alimentos procesados que lo contienen suelen tener otros aditivos poco saludables. Las personas con enfermedad celíaca, sensibilidad al gluten no celíaca, alergia al trigo o ataxia al gluten deben evitar el gluten. Sin embargo, cualquier persona preocupada por el impacto del gluten en su salud debe hablar con un médico y un dietista titulado antes de hacer cualquier cambio en su dieta.

Diferencia entre alergia al gluten, intolerancia al gluten y la enfermedad celiaca

El tratamiento de la celiaquía consiste en seguir una dieta estricta sin gluten de por vida. La dieta sin gluten es cada vez más popular entre personas que buscan mejorar su salud o bienestar. Pero existe una gran confusión respecto a las diferencias entre la alergia e intolerancia al gluten. ¿En qué se diferencian pues la alergia al gluten y la intolerancia al gluten?
Como explicamos anteriormente, el gluten es la proteína presente en varios cereales como el trigo, la cebada, el centeno, la avena y sus derivados; tiene un alto contenido de glutamina y prolina, aminoácidos (compuestos orgánicos que se combinan para formar proteínas) que el cuerpo humano no puede descomponer por sí solo. Veremos cómo afecta el gluten a nuestro organismo y cómo reacciona el cuerpo ante ello.

Alergia al gluten

La alergia al gluten es una respuesta inmunológica del cuerpo cuando entra en contacto con esta proteína. Es decir, cuando alguien alérgico consume o entra en contacto con el gluten, su cuerpo activa las defensas como si fuera una amenaza. Los síntomas de esta alergia pueden ser muy diversos y en ocasiones pueden ser graves, como en el caso del shock anafiláctico (reacción alérgica grave y potencialmente mortal que puede ocurrir cuando el sistema inmunológico del cuerpo reacciona de manera exagerada a una sustancia extraña). En términos alimentarios, se habla de alergia al gluten.
Algunos de los principales síntomas de la alergia al gluten pueden ser urticaria, dermatitis, edema, rinitis, asma, dolor abdominal, diarrea o incluso anafilaxia. Estos síntomas son fáciles de identificar y se pueden combatir con tratamientos de medicina preventiva o a través de la eliminación del gluten de la dieta.

Intolerancia al gluten

La intolerancia al gluten, por su parte, es una reacción diferente del cuerpo ante el consumo de la proteína. En esta situación, el tracto digestivo no es capaz de digerir correctamente la gliadina, otra proteína presente en el gluten. Esta reacción puede producir dolor abdominal, hinchazón y diarrea, y ocurre en personas que producen muy poca enzima para descomponer correctamente la gliadina.
A la intolerancia al gluten se llama oficialmente «sensibilidad al gluten no celiaca» (SGNC). Esto significa que las personas que la sufren experimentan síntomas similares a los diagnosticados en la enfermedad celíaca, pero sin tener los mismos hallazgos de laboratorio que se consideran criterios diagnósticos para la celiaquía.
Es importante destacar que la SGNC no es una enfermedad autoinmune como la celiaquía. Aunque hay síntomas similares, como diarrea, dolor abdominal, inflamación, dolor de cabeza y fatiga, éstos pueden ser más leves que en la celiaquía. Además, la SGNC no causa daño permanente al intestino y no hay otros síntomas adicionales o problemas de salud que se puedan desarrollar a largo plazo.
El diagnóstico de la SGNC es difícil, puesto que no hay marcadores específicos en la sangre o el tejido que indiquen la presencia de esta enfermedad. El tratamiento más común es una dieta libre de gluten, aunque también se pueden utilizar terapias farmacológicas para tratar individualmente los síntomas del paciente. ¡Consúltanoslo aquí en Farmacia El Bierzo!

Celiaquía o enfermedad celiaca

La enfermedad celíaca, como vimos en los primero párrafos, es una reacción autoinmune al gluten que afecta a una de cada cien personas en todo el mundo. En este caso, el sistema inmunológico del cuerpo reacciona violentamente ante la presencia de gluten, lo que conduce a la inflamación y daño del intestino delgado. Esto puede conducir a una pérdida de nutrientes muy importante.
Las personas que tienen la enfermedad celiaca a menudo tienen problemas gastrointestinales, como dolor abdominal, diarrea, náuseas y vómitos, así como otros problemas de salud, como erupciones cutáneas, anemia y fatiga. El tratamiento para la enfermedad de celiaquía es 100% dieta libre de gluten para toda la vida, sin importar la cantidad de gluten consumido.

En resumen, la alergia al gluten, la intolerancia al gluten o sensibilidad no celiaca al gluten y la enfermedad celíaca son tres condiciones distintas que se relacionan con el consumo de gluten. La alergia al gluten es una respuesta inmunológica, la intolerancia al gluten es una reacción del tracto digestivo y la enfermedad celíaca o celiaquía es una enfermedad autoinmune. Como ya lo recomendamos, es importante que las personas que sospechan tener alguna de estas condiciones se comuniquen con un profesional médico para obtener un diagnóstico preciso y recibir el tratamiento adecuado.

Tratamiento de la celiaquía

Para que una persona que padezca la enfermedad celiaca pueda llevar una vida normal, debe evitar no solo los alimentos que contienen trigo, cebada, centeno y avena, sino también cualquier producto que pueda contener trazas de estas proteínas, como los productos de higiene personal y medicamentos, ya que incluso pequeñas cantidades pueden provocar daño en el intestino delgado. Es importante leer detenidamente las etiquetas de todos los alimentos procesados y consultar con el fabricante si no se tiene claridad sobre su composición. Hoy en día la mayoría, por no decir todos los alimentos envasados y procesados, traen esta información en sus etiquetas.

En general, los alimentos que están permitidos en la dieta sin gluten son:
– Cereales sin gluten (arroz, maíz, quinoa, mijo, trigo sarraceno, etc.).

– Carnes, pescados y mariscos frescos.
– Frutas, verduras y hortalizas frescas.
– Huevos.
– Leche y derivados naturales (quesos, yogures, natas).
– Legumbres.
– Aceites, vinagres, especias y condimentos.
– Azúcar, mermeladas y miel.

Por otro lado, los alimentos** que deben evitarse o revisarse cuidadosamente son:
– Pan, galletas, pastas, pizzas y bollería.
– Cerveza, licores y algunas bebidas alcohólicas destiladas.
– Conservas, embutidos, lácteos procesados, salsas y snacks.
– Algunos suplementos nutricionales y medicamentos (es importante revisar con el médico o con tu farmacéutico de confianza).

Al principio puede resultar difícil adaptarse a la dieta sin gluten, pero con el tiempo y la educación adecuada, es posible llevar una alimentación variada y equilibrada. Es fundamental tener en cuenta que cualquier ingesta accidental de gluten, aunque sea en pequeñas cantidades, puede producir reacciones negativas en el organismo, por lo que se recomienda extrema precaución.

Estilo de vida y prevención de la celiaquía

Además de seguir una dieta sin gluten, las personas celiacas pueden adoptar ciertas medidas para mejorar su estado de salud y prevenir complicaciones. Entre ellas destacan:
– Mantener una buena higiene en la cocina y los utensilios para evitar la contaminación cruzada.
– Realizar controles periódicos con el médico especialista para evaluar la evolución de la enfermedad y detectar posibles complicaciones.
– Practicar ejercicio físico de forma regular y moderada.
– Evitar el consumo de tabaco y alcohol.

Aunque la celiaquía es una enfermedad crónica que no tiene cura, es posible controlar sus síntomas y prevenir complicaciones con un tratamiento adecuado y una buena calidad de vida. Para ello, es fundamental estar bien informado y contar con el apoyo de profesionales médicos, familiares y amigos. Además, está comprobado que una dieta equilibrada y sin gluten puede ser beneficiosa no solo para las personas celíacas, sino también para la población general.

Suplementación sin gluten

Además de la dieta sin gluten, también pueden ser necesarios suplementos vitamínicos y minerales, especialmente en casos de deficiencias nutricionales, para asegurarse de que se están obteniendo los nutrientes adecuados que podrían estar faltando en su dieta libre de gluten. Las personas con celiaquía tienen dificultades para absorber nutrientes debido a los daños en el intestino delgado, lo que puede llevar a deficiencias nutricionales si no se tratan. Algunos de los suplementos que una persona celíaca podría tomar incluyen vitaminas B, hierro, calcio, vitamina D, zinc y ácido fólico. Pero es importante hablar con un profesional de la salud antes de tomar cualquier suplemento dietético.

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* FODMAP significa oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables. Estos son tipos de carbohidratos de cadena corta (azúcares, almidones y fibra) que se encuentran en una variedad de alimentos que se absorben mal en el intestino delgado y absorben agua y fermentan en el colon.
** En el mercado existen muchas opciones sin gluten de estos alimentos.

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